
Dice Javier Arenas que el cambio será profundo o no será cambio. Y no parece que se vaya a quedar a medias: la encuesta de un medio oficial de la Junta (IESA), la última conocida, da al PP una mayoría electoral tan amplia que nos permitiría gobernar.
Esa encuesta oficial, del conocido como “el CIS andaluz” confirma las tendencias de una decena de sondeos, si bien el del IESA, por su volumen de encuestados, posee un mayor campo de visión, lo que refuerza su verosimilitud.
Los socialistas aseguran que esta victoria demoscópica del PP tiene “los pies de barro” al achacarla a la crisis y al efecto-plomo de Zapatero y sus recortes sociales sobre el PSOE andaluz.
Yerran de pé a pá. Como el mismo director del IESA ha reconocido, la tendencia al vuelco electoral en Andalucía es un movimiento que, sin prisas pero sin pausa, se viene detectando en nuestra sociedad.
Ya no hay miedo al cambio. Si acaso, a que los socialistas sigan gobernando tras 30 años de poder sin haber solucionado muchos de nuestros graves problemas, empezando por el paro, que no es, como nos quiere hacer ver Griñán, una “huella” de ayer sino una huella de siempre: la huella del PSOE desde 1982 hasta hoy.
Por esa y otras razones, sus incumplimientos, sus fracasos, como el educativo, convertido en un tópico de los 30 años de socialismo, el cambio, hoy es más posible que nunca. Pero, no se trata de una simple causalidad. No es cuestión de suerte. El cambio no ha nacido, únicamente, de la coyuntura de crisis actual, cuando es lógico que se produzca un espontáneo movimiento de rechazo hacia los gobiernos socialistas, gobiernos que nos han llevado, de brote verde en brote verde, hasta el filo del abismo más negro. Ha sido la consecuencia de un esfuerzo colectivo, de una estrategia bien diseñada, una transformación y renovación interna por adición, y un liderazgo muy claro para ganarnos la confianza de la sociedad.
El fin de ciclo del socialismo en Andalucía no responde, pues, únicamente a un estado de cabreo nacional –el desplome de la imagen de Rodríguez Zapatero es histórico en la encuesta del IESA- o de conciencia y certeza de que el proyecto socialista se ha agotado.
Desde la euforia cero –las encuestas no dejan de ser “urnas” virtuales que pulsan un instante del encuestado- el cambio se va abriendo paso porque hay ya una alternativa clara. Existe hoy un autentico partido de gobierno, preparado para gobernar Andalucía.
Y esto no lo digo yo. Los andaluces ven hoy al PP como el partido de la confianza y el mejor preparado para gobernar, para crear empleo, para gestionar la economía, la vivienda, la inmigración o la seguridad ciudadana. La radiografía del PP en la encuesta del IESA es así de nítida, pragmática y esperanzadora.
Estos años se ha ejercido una oposición distinta, no al gobierno, sino de gobierno, capaz de aportar soluciones, llevar la iniciativa, responder a las expectativas y preocupaciones de los ciudadanos, centrando la acción en la solución, llevando la confianza y la esperanza de otra política posible para salir antes y mejor de la crisis.
Javier Arenas diseñó hace años una forma de hacer política cercana, directa, lo que nosotros llamamos “micropolítica” y que yo denomine “carretera y manta”: la política pueblo a pueblo, la que conoce los problemas “in situ”, la que hace 300 kms diarios. No había en nuestra tierra otra fórmula. Hoy empezamos a ver sus frutos.
La movilización del PP, de sus militantes, simpatizantes y de la mayoría social del cambio, frente al desánimo socialista, es otro termómetro que mide la alta temperatura que va adquiriendo el cambio en Andalucía.
Además, el PP es un partido previsible y fiable para cualquier ciudadano: hemos gobernado España, cuando se crearon en Andalucía un millón de puestos de trabajo; hoy, el PP está presente en los 771 municipios de Andalucía, gana las elecciones en todas las capitales y en la costa, su avance electoral se ha consolidado en los municipios intermedios donde estoy convencido estará la verdadera palanca del cambio a partir de las próximas elecciones municipales, el medio rural ya no es un hándicap y, desde la administración local, gobernamos al 34% de los andaluces. Y esto se ha hecho desde la cercanía a los ciudadanos.
El PP Andaluz es, más que le pese a algunos, un partido andalucista. Un andalucismo comprometido con la verdadera transformación de nuestra tierra, alejado de dogmatismos y planteado en el marco de una España nacional, una España como proyecto común de todos. Un nuevo andalucismo que se demostrará andando, no en pegatinas. Que demostraremos en crecimiento de PIB, en reducción de tasas de paro, en verdaderas políticas de progreso y mejora de nuestro bienestar. Un andalucismo pragmático y comprometido lealmente con la defensa y el futuro de nuestros ciudadanos.
Este Partido Popular andaluz es, igualmente, un partido moderado, sin actitudes dogmáticas ni posiciones inflexibles. Queremos un cambio, el cambio más necesario de la reciente historia de Andalucía. Pero queremos que ese cambio lo sea desde la moderación; un cambio tranquilo, sin rencores, sin miradas continuas al pasado, porque necesitamos que ese cambio sea el de todos los andaluces para que sea eficaz.
Como muy certeramente dijo en Almería el presidente nacional de mi partido, Mariano Rajoy, a nadie en Andalucía se le va a preguntar de dónde viene sino a dónde quiere ir. Y la encuesta del IESA ha dejado claro que los andaluces, hoy por hoy, tienen claro a dónde quieren ir: a un Gobierno del PP porque representa la confianza, la buena gestión, el empleo y la seguridad en un futuro mejor.
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