ELECCIONES,¡YA!
Por fin las mentiras y la falsa política tienen su merecido. El batacazo monumental de los socialistas catalanes pone fin a años de demasiada demagogia, frivolidades y pactos de exclusión. Los socialistas han recogido lo que han sembrado, el rechazo de los ciudadanos.
Enhorabuena a Alicia y al PP de Cataluña. Hoy somos un partido decisivo, también en esa Comunidad. Tenemos el mejor resultado de nuestra historia, nunca más de diecisiete. Y el PSOE muy por debajo de su peor resultado, nunca menos de 33.
Sin duda, los catalanes han votado por el cambio. Le han dicho, a las claras, a los socialistas, que se marchen. El tripartito y sus nefastas consecuencias son ya historia.
No hay duda que la pasada soberanista del PSC, junto a los independentistas de ERC, ha hecho daño en España y no ha sido entendida por los votantes socialistas históricos, muchos de ellos andaluces emigrantes. Tampoco que la errática política económica del PSOE ha dejado al desnudo una Cataluña poco acostumbrada a una sangria de parados como la de estos años. Que las “obsesiones enfermizas” del tripartido por gastar el dinero en lo que no era prioritario con la irresponsable intención de presumir de supuestos liderazgos progresistas o nacionalistas contra España, no dan de comer, sino lo contrario al pueblo catalán. Que la afición por prohibir o imponer todo sin respetar derechos constitucionales, ha terminado por hartar a un pueblo que siempre ha liderado la libertad como bandera…Todas éstas han sido, seguro, causas fundamentales de la reacción contundente de los ciudadanos por el cambio y el fin de esas políticas.
Pero no es sólo un cambio para Cataluña lo que ha votado su pueblo. Las elecciones de este Domingo son un rotundo fracaso de Zapatero y sus políticas.
Que nadie olvide que llevamos dos legislaturas, haciendo depender todo, cualquier decisión del Gobierno de la Nación, a los intereses del PSC, Montilla y sus socios del tripartito. En la retina de todos quedara para siempre aquel mitin en el que Zapatero se entrego al “todo vale” aceptando la deriva soberanista del Estatut, y por tanto, la puerta abierta a una norma inconstitucional, a la ruptura de principios básicos del Estado como la igualdad y la solidaridad.
Si Zapatero ha hecho depender toda España de sus intereses electorales en Cataluña, el fracaso es mas suyo que de nadie. Sería lógico ahora que algún barón territorial del PSOE, a punto de perder las elecciones, se pregunte si ha sido lógica y positiva para su tierra tanta sumisión partidista a un líder nacional que los ha llevado al mas hondo de los descalabros electorales, y a los españoles a la crisis económica y social más dura de nuestra historia.
La inacción del Gobierno es más preocupante con el paso del tiempo y la desconfianza hacia nuestra economía avanza a paso de gigante. La irresponsabilidad del PSOE esta haciendo un daño irreparable a nuestra credibilidad como país y lo único que consigue es ahondar aún más la crisis, alejar más su salida.
Como dijo Adolfo Suarez: ” las elecciones son el paso previo necesario para la solución de los problemas”. Por eso y frente a los que dicen que unas elecciones en plena crisis es otra irresponsabilidad, sólo cabe contestar, que más tiempo con estos gobernantes sólo puede traer más desastre para los ciudadanos y que cuanto antes llegue el Cambio en España y Andalucía, antes se podrá coger impulso para ofrecer soluciones, ganar confianza y recuperar la maltrecha economía. La experiencia de algunos países europeos convocando elecciones en estos años y meses sólo ha servido para que hoy nos cojan la iniciativa y estén liderando la salida a la crisis.
Las elecciones catalanas son el principio de ese cambio en España. Los ciudadanos han abierto ya un camino irreversible de cambio donde los socialistas dejen sitio a otros con capacidad, ambición y proyecto para sacar España y Andalucía adelante. Habría un patriotismo exigible a los socialistas de evitar más daño a la sociedad. Eso con Zapatero y Griñan es un imposible. Al menos esperemos convoquen elecciones ya, aunque sea por evitar un descalabro político superior.




